domingo, noviembre 05, 2006

La muerte y el pescador


Viernes 3 de noviembre del 2006

El día de hoy me levante temprano en la Isla de Janitzio, la gente que visitó la isla se había retirado, los días anteriores había muchísima gente comprando recuerdos y artesanías. Éramos pocas las personas foráneas que todavía estábamos asistidos en ese lugar. Comí un pescado blanco, arroz y verduras con Doña Sara la persona con la que me asistía. Salí de la isla a recorrer los lugares cerca del lago y por la tarde regrese. Antes de subir al hotel estuve sentado en la plaza, observando como los muchachos cortejaban a las muchas y los niños jugaban fútbol. Recorrí los pasillos de la isla, mientras la gente que tenia puestos empezaba a recoger sus cosas y los restaurantes comenzaban a cerrar, comencé a caminar rumbo a al hotel, cuando de pronto un señor de avanzada edad me pregunto De donde viene, por lo que les respondí de Monterrey comenzamos a platicar de muchas cosas, que en otra ocasión les contaré, pero el siguiente relato me gusto mucho. Que fue más o menos así.


Venia yo de la una fiesta en Patzcuaro, ya era noche pasadas de las tres de la mañana, venia tomado pero no borracho ya que me la había pasado casi toda la noche bailando con mi novia y como estaba la familia de ella, pues no tome mucho. Me subí a la lancha sin pensar bien puesto que venia muy contento, cuando de pronto a medio caminos se le acabo la gasolina a la lancha, se me había olvidado ponerle en el muelle de Patzcuaro, los remos no los traía, me quede solo a la luz de la luna en medio del lago. Pensé me duermo y mañana que pasen las lanchas pido gasolina o un aventón. Estaba dormido cuando de pronto escuche ruido en la lancha y eso me despertó volteé hacia atrás entonces y la vi, si mi amigo estaba la flaca con una túnica negra y solo la calavera se veía entre esa ropa, estaba sentada en la parte de atrás. Acostado empecé a rezar a Dios y a la virgen, volteo y ella estaba ahí seguí rezando y le pedí ayuda a mi padre, que él ya estaba muerto hace unos años, le pedí que me protegiera o que me llevara de la mano para no perderme en el camino, si es que la flaca me llevaba. De rato volví a voltear y me sorprendí que al lado de la flaca, estuviera mi padre, conversando con ella. Me que de paralizado y me desmayé. Desperté porque el sol me calaba y mi sorpresa fue que la lancha estaba en el muelle de la isla, acomodada y amarrada a él. Llegue corriendo a la casa y les conté la historia, nadie me creyó. Cuando fuimos a ver la lancha la sorpresa fue que la lancha no tenía ninguna gota de gasolina. Me creas o no, pero desde entonces mi padre es mi santo y yo no le fallo para hacerle su altar año con año.

Este relato es casi idéntico como me lo contó Don Campos.

P.D. dejen un comentario, no sean gachos, ni la chinga de escribirlo (abajo donde dice COMMENTS, es muy fácil)

Atte.- su amigo Vlad


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